ENTREVISTAS

“Lo más importante hoy para las disidencias es incorporar la diversidad corporal”

“Lo más importante hoy para las disidencias es incorporar la diversidad corporal”

Charla íntima con Franco Torchia acerca de ser padre, el amor, la diversidad y el poder de los vínculos.

Franco es periodista, graduado en Letras y trabaja en los medios desde su adolescencia. Su voz es inconfundible y su impronta también. Cada vez que habla cuida mucho el peso de las palabras y no dice nada que no quiera decir. A veces hace pausas, retoma, piensa y repiensa. Es elocuente y generoso para responder.

Su perfil está lejos del personaje desenfadado e histriónico que componía desde la voz en off en Cupido, el programa de citas a ciegas para adolescentes que se transmitió en Much Music en 2001 y luego tuvo un revival años más tarde. Actualmente se dedica al periodismo escrito en diversos medios, y conduce su programa “No se puede vivir del amor”, que sale de lunes a viernes a la medianoche por Radio Ciudad (AM 1110). Allí habla de diversidad sexual porque está convencido de que el programa cumple la función social de manifestar todas las formas de vida sexual, afectiva y emocional de las personas.

Está casado con el filósofo y periodista Tomás Balmaceda y es padre de Teresa, quien ahora tiene 10 años. Casualmente, el nacimiento de su hija fue un momento bisagra para el desarrollo de su identidad ya que, con su flamante bebé en brazos, decidió que era momento de salir del closet para poder relacionarse con Teresa desde su verdad absoluta.

Ama profundamente a su hija y reconoce a la paternidad como un trabajo. “Es una experiencia agotadora que me impone cierta redefinición permanente y una autoexaminación constante a límites, por momentos, exasperantes”, asegura, mientras aclara que también es una experiencia desbordada en belleza porque tiene un vínculo muy amoroso y honesto con ella.
 

¿Te sentís libre o estás muy pendiente de ser un ejemplo para Teresa?
Cuando Teresa nació, mi mayor desafío era cómo ser un “macho proveedor” pero hace mucho tiempo entendí que no lo voy a ser, porque no lo soy y porque nunca lo fui. Por supuesto, Teresa asiste a mis formas -que no son las de un “macho proveedor”- y no aplico ningún filtro para que se vean más o que se vean menos. Simplemente que se vean. Me siento muy libre, a veces hay omisiones y algunas cosas que no se dicen pero eso tiene muchísimo que ver con su edad, ahora tiene 10 años.

¿Cómo construiste tu familia?
A decir verdad, creo que Tomás (Balmaceda) construye mucho más que yo. Es un constructor y, más allá de la dimensión pública de lo que mostramos de nuestra vida, en lo privado es una persona que edifica. Desde que llegó a nuestras vidas, en el año 2013, empezó a proponer -a veces sin que nos diéramos cuenta del todo Teresa y yo- cierta conformación familiar, cuyo diseño se lo reconozco a él. Es un trabajo más suyo que mío, yo estoy más concentrado en mi condición de padre que en nuestra condición de familia, digamos. Entonces Tomás hace el trabajo de pensarnos colectivamente e instala una conversación que me tiene bastante obsesionado últimamente. Estoy trabajando mucho -periodísticamente- sobre la cuestión de las pluriparentalidades.

¿Cómo sería esto?
La pluriparentalidad es un término del derecho que quisiera pensarlo por fuera de ese ámbito. A mí me resulta inadmisible que en el siglo 21 existan de hecho y no de derecho. Creo que una sola persona frente a uno, dos o más hijos, es enloquecedor. La experiencia es enloquecedora y demoníaca. Ya sabemos que le demanda muchísimo más a las mujeres que a los hombres pero, más allá de esa distribución básica, estar sólos frente a la experiencia de la paternidad y la maternidad es demencial. Por supuesto que hay una toma de decisión que está jerarquizada y siempre va a ser de una persona, si hablamos de una estructura monoparental, o de dos, si es una pareja.

Entiendo que es muy difícil imaginarse algo así teniendo en cuenta que si dos personas apenas pueden ponerse de acuerdo para decidir a qué colegio va a ir su hijo, pensar en la toma de decisiones entre muchos. Lo que no es difícil de imaginar, y sí creo que es muy posible, es un reparto colectivo de las “horas hombre” -lo digo así a propósito (risas) porque no son más horas “hombre”- de las responsabilidades, de la diversión, del ocio, de los cuidados parentales, es decir, todas las experiencias que pueda tener una persona. Creo que pueden no ser exclusivos de padres y madres y pueden participar otras personas también.

Es muy interesante como hablás de la maternidad y paternidad como un trabajo o como algo agotador porque se suele transmitir sólo la parte gratificante de la experiencia…
Es que sí, es un trabajo agotador pero también es una experiencia desbordada en belleza. En mi caso está colmada de belleza y me cambió la vida, la paternidad para mí implicó el desarrollo de mi identidad sexual. Siempre conté esto públicamente pero cuando nació mi hija decidí salir del closet, sentí que no podía seguir viviendo una mentira y que no podía encarar el proyecto de la paternidad sin vivir mi realidad. Ser padre es un conjunto de sensaciones.

¿Cómo la ves a ella y a su generación con respecto a los movimientos sociales y a todos los cambios de paradigma?
Mi hija está más grande, va ganando independencia y autonomía. Creo que ella está en efervescencia, la siento así. En el horizonte político -en un sentido amplio pero también en un sentido estrictamente partidario- no ha aparecido un movimiento más renovador que el de los feminismos. La veo a Teresa como producto de todo esto. Si yo tuviese que reconstruir genealógicamente cómo ingresó en ella, no podría. No sé, de ningún modo la adoctriné. Podrías decir que me escuchó hablar alguna vez sobre ciertos temas pero también me consta que ni su madre, ni ninguno de los otros adultos que la rodean lo hizo.
Ahí vuelvo a la cuestión de las pluriparentalidades porque estoy yo, está Tomás, está su madre, la pareja de su madre y su abuela materna, que es una figura muy gravitante en su vida.

Vengo viendo en chicos y en chicas en general una fuerza muy original y muy conmovedora. No sé exactamente cuántas de las cosas que hace Teresa son propias de sus entornos más inmediatos y cuántas son propias de este tiempo histórico.

Ahora se habla mucho de “deconstruirse”, ¿Es posible desarticular conceptos que requieren de un esfuerzo tan colectivo como individual?
Cuando leía a Derrida en la carrera de Letras, me fascinaba. Nunca hubiera imaginado que, tantos años después, la deconstrucción iba a ser un término tan usado, es impresionante cómo se instaló (risas). Por supuesto que es algo muy complejo y usamos el concepto colectivamente de manera muy reducida.
Yo estoy en un momento en donde me siento muy suelto y no me preocupa para nada “ser”. Pienso que es mucho más simple. Estamos atravesando un momento tedioso en tanto a lo que yo llamo “consignismo”, la etiqueta de la no etiqueta.

Creo que lo más importante hoy para las disidencias es incorporar la diversidad corporal.

¿A qué te referís?
Veo mucha exclusión y demasiada “norma” con respecto a los cuerpos, una especie de tiranía de los cuerpos “correctos”. Quienes estamos en estos temas pecamos de pensar que como uno lee y se informa las cosas ya cambiaron pero aún no cambió nada.
Más allá de los cuerpos gordos, hablo también de discapacidad, entre otras cosas. Es un momento de mucha confusión y de mucho mareo. Este tiempo histórico es tan activo que a veces está plagado de interrogantes y contradicciones. La diversidad corporal es el límite y en lo que divide a ser “cis” o “trans”, en cuestión de géneros, está muy verde. La falta de conciencia respecto de los beneficios que tenemos las personas “cis” es abrumadora porque comporta beneficios económicos, además de privilegios sociales. Por ejemplo, yo estoy en el mundo del trabajo, a diferencia de las personas trans.
(N. de la R.: El prefijo “cis” se aplica a las personas cuya identidad de género está alineada con el sexo que le asignaron al nacer, mientras que el prefijo “trans” hace referencia a las personas cuya identidad de género es distinta del sexo​ asignado al nacer.)

En tu programa de radio hablás mucho de niñeces trans, también. ¿Pensás que es posible que las próximas generaciones puedan tener una calidad de vida mejor que la que hay disponible hoy para las personas trans?
Lamentablemente creo que esto puede ser posible en muy pocos casos. Sí, se habla más del tema  y hay bibliografía, eso es innegable. Hay que decir que los factores que determinan la vida de todas las personas trans son la escuela y la salud, en donde las exclusiones están a la orden del día. No quiero generalizar pero en este caso debo hacerlo. Los hospitales son tierra de nadie y garantía de exterminio para las personas trans. El acceso a los tratamientos de las personas trans es casi nulo a pesar de que la Ley de Identidad de Género tiene más de 7 años ya. Sigue siendo súper dificultoso en el ámbito público pero también en las prepagas. El panorama es muy complejo y tampoco se respeta la Ley del Cupo Laboral Trans. En la Provincia de Buenos Aires directamente no fue implementada y allí es donde muchas travestis y mujeres trans más padecen las exclusiones.

Hace poco decidiste irte de la tele y justo se viralizó un comentario tuyo sobre los cuerpos gordos. ¿Por qué pensás que generó tanto interés ese mensaje?
Llevo años hablando sobre los cuerpos gordos, no sé lo que pasó ese día específico, pero es un poquito desgastante. Me acabo de ir de la televisión y no sé si tengo ganas de volver a tener ganas de ser parte de ella. Estoy lastimado, pero no porque alguien me haya lastimado. La pasé súper bien, conocí compañeros entrañables y lo digo con total honestidad. Yo puedo ser portavoz de ciertos temas pero siento que es una trampa que tiene límites. Hay que saber cuidarse, no quiero ser funcional a esa industria y prefiero estar afuera, tengo ganas de hacer otras cosas. Me gusta hacer entrevistas en mi programa de radio y también estoy escribiendo una novela.

¿Pensás que, porque solés hablar con vehemencia de ciertos temas, en la televisión de aire se espera ciertas cosas de tu participación en los programas?
Es una función que ya no quiero cumplir. O, por ejemplo, yo puedo ser muy irónico y muy sarcástico pero es un juego. Yo no soy “eso”. No vivo así todo el día, no hablo todo el día como el personaje que hacía en “Cupido”, ni por asomo. Ya tengo 42 años, estoy muy encontrado conmigo mismo. Por eso siento que me fui lastimado de la tele, porque esa “funcionalidad” que decís, se vuelve orgánica y hay algo del discurso que se disuelve. Yo comprobé que ocupar ese rol me lleva a ponerme en un lugar de mucha marca y de mucha exclusión, aún estando incluído.

Siento que hay mucha “mala praxis” desde la comunicación y los que ejercen el rol de estar al frente en los medios. Lo curioso es que si un médico o una médica cometen mala praxis, son sometidos a juicio.

En tu cuenta de Twitter muchas veces compartís frases o dichos discriminatorios que circulan en los programas de televisión y te referís a esas cuestiones como “crímenes” o “delitos”.
Ahí me vuelvo jurista adrede, no utilizo esas expresiones “porque se me canta”, lo está diciendo el estado de derecho. Se está cometiendo delito en materia comunicativa, lo dice la Defensoría del Público, algunas normativas vigentes, etc. No es un invento mío, hay muchas leyes antidiscriminatorias. ¿Por qué irrita mucho más que la ciencia dura cometa un crimen o una mala praxis y no un comunicador o una comunicadora? ¿Vos pensás que tu profesión te va a dejar hacer toda la vida lo mismo? En este momento del mundo del trabajo, si creés que una profesión no te va a imponer desafíos o un cambio, es bastante iluso.

¿Qué pensás del amor?
Estoy cada día más enamorado de Tomás, mucho más enamorado que desde hace 6 años, cuando lo conocí. Es un amor intransferible, absolutamente real y verdadero. No me interesa ningún otro amor. Es como si volviera a él todo el tiempo, tiene un carácter muy rector en mi vida.
Especialmente por todo lo que hace para que la vida familiar funcione, siento que mi paternidad es casi indisociable de Tomás. No estoy solo, siento que él es mi casa. Las personas son casas, esa es una buena definición del amor.