CONCIENCIA ELEVADA

Venezolanos en Argentina: conocé estas emotivas historias

Venezolanos en Argentina: conocé estas emotivas historias

Seis hombres y mujeres cuentan cómo es su vida trabajando en nuestro país.

Aproximadamente, más de 100.000 venezolanos se radicaron en la Argentina durante los últimos años a raíz de la grave crisis humanitaria que atraviesa ese país. Algunos de ellos comparten sus experiencias en Lado H.

“Cuando llegué fui volantero”

Ronnie López (35) es Ingeniero Electrónico y en su país se dedicaba a la parte ferroviaria. Cuenta que su vida en Venezuela era sobrevivir y casi no conseguía comida. Pasaba sin éxito largos ratos haciendo colas en varios supermercados para adquirir alimentos.

Como era muy difícil poder conseguir vuelos porque estaban muy caros y en dólares, tuvo que vender su auto para viajar por tierra a la Argentina en una peripecia que incluyó varias escalas por Ecuador, Perú y Salta desde donde llegó en soledad a Buenos Aires a finales de marzo del 2017.

“Cuando llegué primero fui volantero, después bachero en un restaurante colombiano y más adelante fui mozo en el Hotel Sheraton, pero actualmente soy Técnico de Mantenimiento Eléctrico en una empresa de plástico”, dice. 

La rutina de Ronnie en Buenos Aires consiste en trabajar, ir al gimnasio y salir con algunos amigos venezolanos que viven en Pilar como él. ¿Cómo vives a la distancia lo que ocurre en tu país? “Me deprimo por como está mi gente y, aunque siempre parezco bien, hay momentos en los que estoy triste por mi tierra”.

Ayuda a sus compatriotas en el país

Carmen Herrera (41) llegó a Buenos Aires el 10 de octubre del 2017 porque no tenía una visión clara de lo que podría llegar a ocurrir para su futuro y para el de su familia. En principio, viajó con sus hijos menores (12 y 7) y a los cinco meses llegó el mayor, que actualmente tiene 23 años. Por último, arribó su esposo.

“Los argentinos han sido una absoluta contención desde la solidaridad, el respeto, la escucha y el apoyo. También me han enseñado desde su gentilicio y su manera de ser, sin perder mi esencia y mis raíces”, expresa Carmen, que es abogada.

Carmen tiene dos actividades: cuida a un bebé de cuatro meses y también trabaja como coach y consteladora familiar, que es lo que la apasiona. “Apenas llegué  trabajé atendiendo al público en una verdulería, luego en un Call Center y más adelante acompañé a mi esposo en un emprendimiento de comidas criollas. Simultáneamente iba posicionando mi marca personal Carmen Herrera, alma de Mujer brillante”, cuenta.

Carmen forma parte de varios grupos de venezolanos en nuestro país a quienes asesora acerca de cómo conseguir empleo, alquileres, Ilegalizaciones y poderes.

“Lo más difícil es vivir lejos de mis hijas”

En 2015 Laura Travieso (31) decidió venir a la Argentina porque en su país no podía mantener a sus dos hijas: Nirvana (12) y Gabriela (14). “Haberme venido y dejarlas allá es lo más difícil que me ha tocado hacer porque nunca me había separado de ellas, pero por el momento es mejor así para que terminen el colegio y luego puedan venir”, confiesa Laura.

Laura vivía en Maracay (en el estado de Aragua) y se desempeñaba para una compañía de outsourcing y era supervisora de promotores de una empresa de embutidos. “Trabajaba de lunes a viernes y el fin de semana me iba a la playa, salía con amigos pero todo eso fue disminuyendo por la inseguridad y el problema económico”.

Apenas llegó a Buenos Aires, trabajó en una maderera y en una consultora captando nuevos clientes para la empresa McCain. Actualmente, es encargada de una librería. “Tengo amigos venezolanos, nos vemos frecuentemente y salimos a bares venezolanos o también hacemos comidas típicas y hablamos de la situación de Venezuela que la vemos con mucha preocupación porque a veces las noticias no llegan tan rápido, pero siempre estamos muy pendientes de lo que pasa”.

“Le damos gracias a Dios y a este país tan maravilloso”

“Desde 2016 empezamos a estudiar  la posibilidad  de buscar nuevos horizontes, nos enfocados en salud, calidad de vida, seguridad y educación, este último renglón  fue decisivo ya que queríamos continuar avanzando en nuestras profesiones y también otorgarle excelencia  académica a nuestros hijos y nuestra primera opción era la Argentina.  Tras haber reunido todos los documentos  necesarios para estar legales, emprendimos el viaje con una maleta llena de expectativas y hoy en día le damos gracias a Dios y a este país tan maravilloso por habernos brindado la posibilidad  de vivir felices”, cuenta Jesús Rafael Cova Camino (43), a la distancia.

Jesús es Ingeniero Civil y  en Caracas trabajaba en una constructora haciendo casas y remodelaciones privadas. Sin embargo, viajó a Buenos Aires junto a su esposa y a sus hijos de 7 y 4 años. “Cuando llegamos  decidimos emprender una nueva etapa de comerciantes para no descapitalizarnos. Con el apoyo y la ayuda de varios amigos Venezolanos pusimos un kiosko que gracias a la Virgen va bien y lo más importante es que nos ayudamos todo el grupo familiar para mantenerlo abierto la mayor cantidad de tiempo posible”.

¿Cómo te recibieron los argentinos? “Excelente, nos encanta el buen trato y la buena disposición que nos han brindado, son muy solidarios con la situación de nuestro país, tenemos amigos argentinos que ya forman parte de nuestro entorno y los consideramos familia”, responde Jesús.

“Fue una experiencia difícil y a la vez maravillosa”

Gabriela Chiquito (32)  es profesora de Inglés y trabajó en su país dando clases durante siete años en la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda. En paralelo, tenía su propia empresa de accesorios y dictaba talleres para adultos y niños. “La situación en la universidad comenzó a deteriorarse, los pagos no se hacían a tiempo, no teníamos recursos ni para sacar copias y el transporte era escaso. En cuanto a los accesorios, muchos materiales dejaron de venderse y los que aún quedaban eran muy costosos”, cuenta Gabriela que en 2017 llegó a la Argentina para conocer nuevas culturas y expandirse con la joyería.

Recién llegada al país, Gabriela asistía los domingos al mercado de San Telmo y alquilaba un stand para vender sus accesorios. “Fue una experiencia difícil y a la vez maravillosa, siempre recibí un buen trato y consejos de los demás artesanos. Acompañé en las noches a una persona mayor y también di clases de Inglés en una escuela de la colectividad Judía”.

Actualmente, trabaja como niñera y en un salón de eventos con actividades para niños y los fines de semana cuida a una persona mayor en una clínica.

¿Cómo es tu vida en Bs. As?

“Una de las tantas cosas que me gusta de estar aquí es su riqueza cultural, la infinidad de opciones que te brinda para disfrutar, aprender y divertirte. Hace poco hice una visita guiada al Paseo del Bajo que me encantó, también hice la carrera de Ciudad Activa con varias amigas venezolanas y fue divertidísimo. Yo aprecio, disfruto y agradezco todo lo que me brinda Buenos Aires y trato de transmitir la importancia que tiene contar con todo eso”.

Psicólogo y conductor de radio

Emilio Rodríguez (29) es psicólogo y desde febrero de 2014 vive en la Argentina. “Mi familia y yo estábamos reuniendo dinero para que pudiera seguir estudiando en Francia porque la escuela en la que estudié (NEL Maracaibo) pertenece a esa tradición, pero la inflación galopante me empujó a un destino más austero y tengo que decir que salió muy bien, estoy muy agradecido de haber venido aquí para empezar la maestría en psicoanálisis que ofrece la U.B.A”, cuenta.

Además de ejercer su profesión, Emilio también conduce el programa “Radio Guachafa”, que se graba en Radio en Casa. El nombre del programa se traduce como "relajo" o "chiste" en jerga venezolana, y hace referencia a un ambiente divertido. La idea surgió por el tema migratorio a raíz de atender a pacientes venezolanos y argentinos que planteaban muchas inquietudes al respecto.

“El testimonio venezolano es muy valioso para explorar esto porque la migración física muchas veces empuja a la persona a replantearse muchas cosas. En el programa le damos espacio a estos testimonios que cuentan una manera de hacer de cada venezolano y su encuentro con la cultura local, con un tono muy ligero porque nos parece que la migración venezolana -sobre todo la de los últimos tiempos- ya tiene una suficiente carga de tragedia y también porque creemos que en chiste se pueden decir cosas valiosas e importantes”, concluye.